Bienvenido a Charmed Hogwarts


    Relatos del Mes

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    Relatos del Mes

    Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 2:59 pm

    En este tema aparecerán los trofeos otorgados a los mejores Relatos del Mes.


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    Re: Relatos del Mes

    Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 3:01 pm

    Diciembre 2.009

    Primer Premio: Elena Bathory (Slytherin)
    Spoiler:
    Bienvenida al Infierno, querida.

    Pasear por esa parte del mundo equivalía a respirar contaminación, a sentir el estrés por cada poro de la piel, a desear matar a aquellos que se atrevían a intentar robarte.

    Si es que ya lo digo yo, tanto muggle suelto haciendo de las suyas no es bueno y menos si se creen con el derecho de destrozar el planeta.

    ¿Que qué hacía yo en medio de Londres muggle? Pues celebrar mi cumpleaños con mis padres. Ah, ¿pero que no los ves? Pero si están aquí, junto a mí, en mi mente. Atormentándome desde hace diez años.

    Lo sé, lo sé... ¿cómo la perfecta Slytherin se ha escondido entre estos seres? Sencillo. Aprovecharía hasta el último segundo que tenía de libertad... A partir de esta noche, adiós Elenita.

    Unas campanitas sonaron al abrir la puerta y me dieron la bienvenida a... esa cosa... que se suponía que era una tienda... Aunque más bien parecía un lugar abandonado. No pude evitar fruncir el ceño y poner una mueca de asco. Estaba todo, todo, lleno de polvo y suciedad.

    ¿Que por qué no iba a uno más saludable? O mejor aún, ¿que por qué no iba a uno mágico? Fácil. Iba a ir al infierno igualmente ¿no? ¿Pues qué más daba cómo me hiciera el maldito tatuaje? ¡Era mi cumpleaños!

    Hablé con el dependiente. ¡Qué fácil fue de encandilar! ¿Tan hermosa soy? ¡Ja! Este hombre no ha visto mujer alguna en su vida. Dejarse hipnotizar de esta manera...
    Me hizo pasar a una sala que parecía algo, algo, más limpia que la recepción. Aunque no pensaba sentarme en esa silla llena de... de... mejor no saberlo. Sin que el señor este (que más bien parecía un viejo verde lleno de tatuajes y pasado de moda) se diera cuenta, limpié la silla donde iba a sentarme con un leve movimiento de mano.

    ¡Oh, sí! Di las gracias a todos los dioses habidos y por haber por dejar que me salieran los hechizos simples sin necesidad de varita ni de hablar. Vale, se suponía que a mi edad y con mi entrenamiento me deberían salir los de más nivel, pero... ¡Arg! ¡Que no estábamos hablando de eso!

    Y un zumbido envolvió la habitación que estaba en silencio. El hombre empezó a trabajar sobre mi tobillo derecho sin mencionar nada. En algún momento se atrevió a preguntar por qué quería ese tatuaje, no es que fuera muy normal en una mujer. Y a él qué le importaba. Sí, yo y mis modales. Sí, sí, toda la ironía que queráis.

    ¡Maldito muggle! Eso había dolido. El muy listo se había atrevido a pinchar de más con la aguja dado que llevaba ya media hora ahí y no me había quejado ni una sola vez. Pero es que... ¡vamos! ¡que un Crucio duele más!

    Cuando terminó al fin, ni escuché las recomendaciones que me dio para curarme la herida. Pero que estaba hablando con una que iba a ser experta en pociones... en cuanto llegara a casa tendría el tatuaje completamente curado. Le pagué y me fui hacia un callejón apartado, no quería estar entre muggles nunca más. Y desaparecí.

    Por supuesto, cuando llegué a casa el tatuaje parecía que tuviera meses y no segundos. Mi tía y una de mis primas me vieron llegar y se sorprendieron. ¿Os gusta? Que pregunta más tonta. ¿Cómo les iba a gustar que tuviera una serpiente enroscada en el tobillo? Que no se quejaran, que al menos no tendría la calavera esa fea de narices que Él se empeñaba en hacerme. No, no, no. Antes la muerte.

    Subí corriendo los dos tramos de escaleras hasta mi habitación. Vale, era única corriendo con taconazos de aguja y falda. ¿Os gusta la camisa? Sí, blanca. ¿Algún problema?

    Me dejé caer en la cama y suspiré. Dano apareció a mi lado y me dio un beso en la frente. Gracias, gracias. El regalo de parte de mis padres. Como cada año desde que los maté. ¡Qué bien sienta ser una asesina! Sí, otra vez toda la ironía que queráis. Bueno, no tanta, que me daba igual matar, pero mis padres... Nunca sabré como pude hacerlo con siete años. ¿O eran ocho? Da igual.

    Cuando el sol se fue, me levanté en silencio y salí de casa sin que nadie notara mi ausencia. Me desaparecí hasta llegar al principio de un camino sinuoso. No, las piedras y agujeros no eran inconveniente para mis zapatos. ¿Qué por qué no llevaba puesta la túnica? No sé, con tal de llevarle la contraria, haría de todo. Me encantaba ver cómo me miraba con los ojos entrecerrados y se le crispaba la mano alrededor de la varita. ¿Algo masoquista? A saber... ya me esperaba cualquier cosa de mi misma.

    Al llegar ante su presencia en la sala principal, vi que solo estaba Él y Asile. Mejor, así nadie sabría cómo, cuándo y dónde me ponía la marca. ¿No os lo había dicho? Pues sí, el día de mi decimoséptimo cumpleaños me convertiría en mortífaga oficialmente. Genial.

    No hubo necesidad de hablar. Sabía lo qué quería y sabía que Él lo escucharía. Alzó una ceja. Se acercó a mí y tendió su mano. Sin mirar a mi mentora y sin ninguna pizca de miedo, apoyé mi mano izquierda en la suya. Dolerá. Escuché como un siseo en mi mente. Lo sé. Y con una sonrisa macabra, de superioridad, sabiendo que al fin sería completamente suya, besó mi mano.

    No mostré miedo, no aparté la vista de sus ojos ni siquiera cuando sentí el frio toque de su varita contra el interior de mi muñeca. Y ahí empezó. Intenté mantenerme imperturbable, pero poco a poco desde ese punto de piel y rodeando mi brazo hasta llegar a la parte trasera de mi hombro, apareció una lengua de fuego que fue quemándome.

    Intenté resistir. Lo juro. Pero fue más de lo que podía aguantar.

    En algún momento abrí los ojos totalmente, aguantando la respiración. Mi corazón latió y latió, sintiendo las llamas del infierno. Lo último que vi antes de cerrar con fuerza los ojos, fue la cara de sorpresa y preocupación de la señorita Asile. A partir de entonces, todo fue negro. Caí de rodillas al suelo, mi cabeza quedó colgando casi inerte. Mi mano aun seguía sobre la suya. Era lo único que me mantuvo aún en la realidad.

    Y cuando ya solo sentía pinchazos dolorosos, muy dolorosos, cuando ya no había más fuego, escuché una risa, su risa.

    Bienvenida oficialmente, querida.


    Segundo Premio: Asile Riddle (Directora de Hogwarts)
    Spoiler:
    Fría noche, real. Fría noche, mortal. Fría noche… Animal
    El viento azotaba su cara. Corría en las tinieblas que rodeaban su casa. La niña, de unos trece años de edad, se adentraba en el bosque más cercano, al arrullo de los árboles.

    Maldecía en silencio mientras observaba las siniestras sombras que la rodeaban. Malditos estúpidos ignorantes, no entendían lo que era la verdadera amistad. Su mirada amarillenta irradiaba ira entre los mechones del flequillo que caía de su frente.

    Paró tras el cobijo de un árbol. En plena noche nadie vería a alguien que tenía el pelo normal, pero un color verde brillante era demasiado sospechoso.

    El pecho le subía y bajaba desacompasado. Exhausta por la carrera ya empezaba a oír los gritos de sus padres que la instaban a que volviera, aún con la discusión en sus cabezas.

    - ¡Un sangre sucia! –habían gritado antes de que ella pudiera quitarles la carta de las manos.

    Giró bruscamente la cabeza intentando evadirse de su pensamiento y se dio de lleno contra el tronco. Un líquido caliente le tapó la visión por un momento. Hastiada, sacó un pañuelo y lo presionó sobre su frente. Había salido sin varita y sin poción alguna, y ya lo empezaba a lamentar.

    Se mordió el labio inferior intentando no gritar por la rabia y frustración que sentía en ese momento. No le dolía que sus padres pensaran eso de su mejor amigo, sino que le habían llamado… eso.

    Ella misma lo había dicho muchas veces. Sangre sucia. Pero a él no, a él no se le podía llamar así. Sangre sucia. No, ¡no! ¡NO!

    Se llevó las manos a ambos lados de la cabeza y se apretó con fuerza. Deseaba tanto gritar… Pero había salido corriendo de casa, y eso era lo mejor que podía haber hecho, desde su punto de vista.

    Corrió de nuevo, internándose en el bosque. Inexplicablemente fría era aquella noche y ella, que sólo había salido con una túnica sin mangas y corta, empezaba a tener frío. Aunque ella seguía corriendo, alejándose de todas aquellas personas a las que odiaba, su cuerpo irradiaba calor, pero su alrededor cada vez era más helado más…

    Paró de nuevo en un claro alumbrado por la poca luz que provenía del cielo encapotado. Se sentó en una piedra que la había visto crecer. Su Santuario.

    Era tal la rabia que sentía que no podía explicarse ni a sí misma. Lo malo es que sabía que tenían toda la razón. Pero lo peor de todo no era aquello, era en la presencia de quién lo habían dicho. Invitados oscuros de pacotilla. Los Malfoy habían venido a hospedarse de paso a la mansión Riddle con la compañía del señor Greyback.

    Afortunadamente, el único que estaba presente era el hijo. Aunque, ¿qué importaba si se lo decían al Señor Tenebroso? Quizás nunca formaría parte de sus huestes.

    Se llevó las manos a los ojos. Le empezaban a escocer y a lagrimear.

    ¿Qué pasa, Riddle? ¿Vas a llorar por el sangre sucia? dijo una voz en su interior. Maldijo por lo bajo e inconscientemente se llevó su mano izquierda al antebrazo derecho. Le picaba.

    Miró a los lados. Se quitó el pañuelo de papel de la frente, ya seca. Se levantó y miró a su alrededor. Su casa estaba ya lejos. No sabía a cuánto, pero sabía que lo podía hacer sin que nadie la oyera…

    Gritó. Fuerte, decidida. Gritó muchas cosas, muchas promesas vanas de venganza. Pero algo en lo más hondo le decía que nada de eso importaba porque ya había decidido hacía mucho tiempo.

    Un escalofrío recorrió toda su columna cuando paró de gritar tras cinco minutos. Realmente dejó de gritar por el escalofrío. Miró de nuevo alrededor de ella y lo que vio no le gustó nada. Su gesto de furia se congeló y tornó a una mueca de terror.

    Con porte sereno empezó a andar de nuevo en dirección contraria a la casa, ya que su única vía para escapar de todo aquello podría haber sido correr lo más rápido en dirección a la mansión, pero aquella gran y oscura sombra en el centro de la trayectoria significaba todo lo contrario.

    Intentó emular que no había visto nada. Pero su agitada respiración y la rapidez con la que se dio la vuelta y había empezado a andar la habían delatado. Pronto oyó un resoplido a su espalda. Llegó a la rápida conclusión de que era hora de correr.

    Ágil, saltó hacia un lado cuando notó que la bestia estaba casi sobre ella y dio una rápida media vuelta para correr hacia su casa.

    La luna en lo alto, ya descubierta, le mostraba el camino deseado como una gran ironía. Luna llena.

    El flequillo, lo único “largo” de su pelo, empezaba a humedecerse y a taparle la visión.

    Tropezó con una raíz, pero se levantó rápidamente. No volvió la mirada hacia su espalda en ningún momento. Sentía que, si miraba hacia atrás, confirmaría la horrible sensación de su muerte.

    Oyó a su espalda el ruido de una dentellada. Un gran tirón la paró en seco, pero se revolvió y consiguió que la feroz bestia se quedara con parte de su túnica.

    Siguió corriendo cuando se levantó como pudo y vio con gran alivio que se encontraba cada vez más cerca de la casa.

    Salió a las lindes del bosque. Su mansión sólo estaba a unos escasos cien metros.

    Por primera vez se alegró de ver a su madre en la puerta. Ella la vio y corrió dentro de la casa.

    Asile sonrió. Le quedaban apenas diez metros de carrera y su madre había ido a buscar ayuda.

    Pero cuán equivocada estaba cuando, subiendo triunfante las escaleras del porche, vio cómo su madre cerraba la puerta con ella fuera.

    - ¡Madre! –gritó sollozando aporreando la puerta-. ¡¡Madre, por favor!! ¡¡MADRE!! ¡No me dejes aquí! ¡Por favor! ¡¡¡¡MADRE!!!!

    Se giró apoyando la pared en la puerta. Sus ojos rebosaban lágrimas mientras susurraba cosas sin sentido.

    El hombre lobo la miraba desde la escalinata.

    En un nuevo arranque de audacia, Asile intentó correr por el porche de alrededor de la casa, pero cuando giró hacia la izquierda vio que la bestia estaba allí.

    - No, por favor… -imploró.

    Dio un par de pasos hacia atrás, pero trastabilló y cayó de espaldas.

    De verdad pensó que aquel ser había jugado con ella. Nunca se había oído hablar de un hombre lobo menos veloz que un humano. Y aquella vez no era diferente.

    Aquél era un ser retorcido que había disfrutado al ver cómo una niña corría asustada y era rechazada por sus propios padres. Tan patéticos que no querían aceptar que su hija era mejor que ellos.

    El lobo mordió su zapato haciendo sólo un poco de presión en su pie, arrastrándola escaleras abajo hacia el bosque.

    La niña se revolvió. Pero la mínima presión que el ser hacía era lo suficientemente fuerte como para que ella no pudiera escapar.

    La arrastró a lo largo de todo el camino que había recorrido. La arrastró hasta su Santuario. Iba a ultrajarlo. Ella tuvo en aquel momento la certeza de que nunca volvería allí.

    El ser la soltó, pero sólo para mostrar una mueca macabra en sus fauces antes de lanzarse hacia ella.

    Gritó. Gritó como sólo lo haría dos veces en su vida.

    Gritó, aquella vez, al notar cómo los colmillos de la bestia se clavaban en su muslo, desgarrándole y mancillando su humanidad pura.



    Segundo Premio: Sonianda Alcalimon (Gryffindor)
    Spoiler:
    Abandono y encuentro

    En una casa, apartada de un pueblo, dos personajes discutían en una noche. Parecía ser una criatura mágico y una dama, cuyos cabellos eran un rojo intenso.

    -Pero mi señora, no puede hacer eso
    -Esmon, te he dicho mil veces que no me digas señora

    Le riñó esta.

    -Perdona Cristina, pero podrías dejármela a mi, sabes que la podría cuidar.
    -No

    Dijo ella en tono secante, pero sin alzar la voz, dándole la espalda.

    -Sabrían donde encontrarla y con ello te encontrarían a ti y no quiero que te ocurra nada

    Ambos se miraron melancólicos.

    -Usted me salvó de los furtivos cuando era pequeño, mi forma de agradecérselo sería cuidando de ella
    -Lo sé y de veras que te lo agradezco, pero ya está tomada la decisión

    Cristina miró por la ventana. Fuera no se veía absolutamente nada, solo oscuridad.

    -Esta misma noche la abandonaremos en el bosque

    Se giró bruscamente para ver a Esmon.

    -Y no quiero que vayas en su búsqueda

    En ese mismo instante llamaron a la puerta y los individuos miraron hacía ahí.
    La señora sin miedo a nada la abrió sin preocupación, ya sabía quien era.
    Era un hombre que, debido a la oscuridad, no se distinguía quien era exactamente.

    -¿Estas preparada?

    Ella solo asintió. Se dio la vuelta y subió al primer piso.
    Volvió a bajar, y en sus brazos llevaba un fardo, y de él se asomaba una cabecita con unos pequeños mechones rojizos y marrones.
    Antes de salir de la casa, Cristina se giró para ver por última vez a esa magnifica criatura.

    -Esmon, ¿te importaría que te cambiaras el nombre?, no es seguro que te llames ya así
    -Siempre me ha gustado llamarme Esteban
    -Esteban...

    Susurró ella mientras se le caía una lágrima.


    La pareja al final llegó al bosque, sin decir nada, dejaron con cuidado el fardo en la hierba fresca.
    Pasadas unas horas, el llanto de el bebe, atrajo a una manada de lobos, que por una casualidad, no decidieron matarla, sino, olfatearla, parecían sentir curiosidad. Con el mismo fardo, uno de los lobos lo agarró y junto con sus compañeros se adentraron en el bosque, llevándose al bebe consigo.

    Después de 6 años...

    Esmon, o como dijo un tiempo a su señora, Esteban salió una tarde de otoño a por setas.
    Lo que no sabía era que el destino le aguardaba una inesperada sorpresa.

    Esteban no parecía tener mucha suerte buscando hongos, sin embargo, un ruido a la lejanía, atrajo su atención. Junto a unos lobos, había una niña de pelo marrón y mechas rojizas.

    Esteban, cuya “mano” llevaba una cesta, la soltó ante semejante encuentro.

    -Mi señora, se que me dijisteis que no fuera a buscarla, pero eso es lo que he hecho, no me negareis ahora que no puedo cuidarla ahora que la he encontrado

    No le resultó fácil acercarse a ella, pues nada más dar un paso, los lobos se pusieron a la defensiva, exhibiendo sus colmillos.

    -Tranquilos, solo quiero llevarme a la niña que tenéis ahí

    Pero no sirvió de nada, pues los lobos comenzaron a gruñir furiosos.

    El idioma humano no le servía.

    -Esta bien, probemos otra cosa

    Sin ninguna complicación, Esteban entabló conversación con los lobos, que estos aflojaron su dureza.

    Tras una larga charla, los lobos se resignaron a dar a Esteban la chica.

    La niña miró a Esteban de forma confusa.
    Él, en cambio, le sonrió y en el idioma animal, para que le entendiera, la dijo:

    -Muy bien Sonianda Alcalimon, a partir de ahora vivirás conmigo y te enseñaré cosas que debes aprender

    -Esmon, voy atener una hija

    -¿Y cómo la llamará?

    -Sonianda, Sonianda Alcalimon

    -Es un bonito nombre mi señora

    Cristina frunció el ceño.



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    Re: Relatos del Mes

    Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 3:04 pm

    Enero 2.010

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    Re: Relatos del Mes

    Mensaje  Admin el Mar Abr 13, 2010 3:07 pm

    Febrero 2.010

    Primer Premio: Irene Swen (Gryffindor)
    Spoiler:
    LEYENDAS DE LA CÁMARA SECRETA


    Harry parpadeó. Solo un instante vio con claridad el cuerpo de Fawkes, las brillantes plumas estaban ahora impregnadas de sangre, del propio pájaro. Harry cerró los ojos apenado. Había fracasado, después de sobrevivir una vez al poderoso Voldemort… había caído frente a un recuerdo de él.

    - Me voy a sentar aquí a esperar que mueras, Harry Potter. Tómate todo el tiempo que quieras, no tengo prisa.

    Harry cayó en un profundo sopor. Todo le daba vueltas.

    - Éste es el fin del famoso Harry Potter – dijo la voz distante de Ryddle -. Solo en la Cámara de los Secretos, abandonado por sus amigos, derrotado al fin por el Señor Tenebroso al que tan imprudentemente se enfrentó. Volverás con tu querida madre sangre sucia, Harry… Ella compró con su vida doce años de tiempo para ti… pero al final te ha vencido lord Voldemort – hizo una pausa antes de añadir -. Sabías que sucedería.

    Justo cuando Ryddle terminó de hablar, Harry exhaló su último aliento de vida. El veneno de basilisco había actuado con la rapidez que Ryddle recordaba. Esperó, riéndose a carcajadas, a que la pequeña Weasley muriese, algo que sucedió unos minutos más tarde, para que Ryddle tuviese por fin, tras doce largos años, un cuerpo propio.

    Cogió la varita de Harry, se resistió un poco, pero finalmente cedió.

    - Sácame de aquí – siseó al basilisco, que, como le había pedido lo sacó sobre su lomo por uno de los túneles de la cámara. Lo dejó justo en el borde del lago. Ryddle sonrió de lado. El basilisco volvió a la cámara mientras Ryddle se encaminaba fuera de Hogwarts.

    Al comienzo del siguiente año de Hogwarts, tras la muerte de Potter y la pequeña Weasley, nadie conocía el verdadero suceso acontecido en la Cámara de los Secretos. Dumbledore suponía quién era el culpable, pero aún así decidieron abrir el colegio, pues no se habían cometido ningún otro asesinato. La profesora McGonagal era la encargada de la dirección del colegio, en el cual se notaba el miedo que el Regreso de Lord Voldemort había provocado en los magos de a pie. La mayoría de ellos no habían dejado a sus hijos volver a Hogwarts. Mientras en el colegio todo permanecía tranquilo, fuera de sus fronteras era todo un perfecto caos.

    Ryddle se hizo con el control del Ministerio de Magia, mató a Fudge, que ni siquiera tuvo el honor de morir en las manos del mayor mago que jamás existió, después de Dumbledore, por supuesto. El anciano profesor se encontraba haciendo investigaciones, reunió a la antigua Orden del Fénix, o lo que quedaba de ella, para luchar por una causa que muchos consideraban absurda pues habían perdido su arma imprescindible Harry Potter. Dumbledore estaba realmente afligido por la perdida del muchacho, pero no quiso perder la esperanza. Trabajó más duro que nadie hasta que supo toda la verdad sobre su antiguo pupilo. Pasaron años, en los que el anciano trabajaba sin descanso investigando, hasta que dio con la forma de derrocar al villano. Mientras tanto Ryddle crecía en poder, su ejercito era mucho más grande que la pequeña e insignificante Orden del Fénix. Cinco años después de la muerte de Harry, sus amigos, Hermione, Ron y Neville se pusieron en contacto con el antiguo director, ofreciéndole la ayuda que podría necesitar para vengar la muerte de su amigo, Potter.

    En ese encuentro, el anciano director quiso hablar en privado con Neville.

    - Mi querido muchacho, ¿Conoces la profecía por la que Lord Voldemort mató a Harry?
    - ¡No pronuncie ese nombre! – murmuró el joven. Dumbledore esperó pacientemente a que volviese a tranquilizarse para que contestase -. Sí, sí, claro que la conozco.
    - Tú, muchacho – Dumbledore se interrumpió pues le sobrevino un ataque de tos – eres el otro elegido para poder hacer cumplir la profecía. Harry falló, pero tú puedes hacerla realidad y hacer que todo esto acabe – otro ataque de tos, esta vez mucho más largo. Cuando se le pasó medio sonrió -. Visitar a los Gigantes no me ha hecho ningún bien…
    - Señor, quizá debería tomar alguna poción…
    - No – lo interrumpió -, creo que mi hora de ir con Harry y con Ginny está llegando – volvió a toser, cada vez con más insistencia. Dumbledore se agarró al hombro derecho de Neville, pues de la tos había empezado a perder fuerzas -. Debes prometerme que intentarás conseguir eso por lo que tanta gente ha muerto…
    - L-Lo intentaré…

    Los dos volvieron junto al resto, Dumbledore les explicó todo lo relacionado con los horrocruxes. Neville sacó fuerzas de donde pudo pues no era ni la mitad de bueno que sus compañeros en Defensa Contra las Artes Oscuras. Pasaron unos días con el anciano, que parecía que iba a morir, algo en lo que no se confundieron. Dumbledore murió dos días después de esa conversación.

    Neville se desapareció en plena noche y, sin que nadie lo viese escribió con letras doradas y rojas en pleno ministerio “El verdadero Elegido te reta, Tom Ryddle, si tan gran mago eres, como dices, te sugiero que te enfrentes a mi tu solo. Así mediremos nuestras fuerzas”.

    El señor Tenebroso publicó en primera página de El Profeta, el cual manejaba a su antojo, que aceptaba el duelo.

    Casi un mes más tarde Neville contestó, de la misma manera, las condiciones y el día.

    La situación del mundo mágico era tan penosa que muchos magos ingleses habían huido pensando en encontrar algo mejor fuera de su país. Lo que no sabían era que Voldemort controlaba todos los Ministros de cada uno de los países.

    Llegó el momento del encuentro entre los dos magos, solos, en la misma Cámara de los Secretos, donde Harry había muerto, junto con Ginny, sin el basilisco…

    La figura de Lord Voldemort se alzaba segura de si misma en el centro de la caverna. Pasaron los minutos y nadie aparecía, hasta que Neville llegó, cabizbajo, con la varita en la mano y preparado para morir. La fría risa de Voldemort acompañó cada uno de los pasos de Neville hasta su posición, durante ese tiempo se había preparado tanto mentalmente como físicamente. Había mejorado mucho en sus hechizos gracias a la ayuda de Ron y Hermione, que se encontraban algo más atrás dispuestos a intervenir a pesar de que Neville había dicho que no lo hicieran.

    Neville quiso iniciar el duelo con caballerosidad, tal y como le habían enseñado, pero Ryddle se saltó todo eso y lanzó su primer cruciatus.

    Neville se retorció de dolor en el suelo, pero, mientras tanto, consiguió lanzar un imperio que pasó rozando la oreja izquierda de aquel que era peor que el mismísimo diablo. El dolor que le profirió el cruciatus se intensificó ante aquella primera iniciativa.

    Hermione, situada a una distancia prudencial no podía soportar ver a Neville pasando por eso, ella atacó con el flipendo. El hechizo impactó de lleno en el pecho de Voldemort, y no fue su varita la que contraatacó. Bellatrix Lestrange salió de la penumbra con cara de psicópata y riendo tan sonoramente que parecía que les habían lanzado un cruciatus a los oídos. Ron defendió a su novia, iniciando una batalla campal con Bellatrix mientras Neville consiguió recomponerse. Al levantarse vio que Voldemort había sido derrocado, había caído al suelo. A una distancia prudencial utilizó el expelliermus pero Bellatrix no era su único refuerzo. Tres mortífagos más salieron de sus escondites. En medio de esa oscuridad, rota por los distintos colores de los hechizos, se escuchó un tumulto de voces. E, incluso, algún ladrido. Varios refuerzos de la Orden se apelotonaban en la entrada, entre ellos estaban McGonagal, Hagrid y un perro negro enorme. Dicho perro corrió nada más llegar hacia Voldemort, saltó hacia él y comenzó a morderle.

    Neville notaba como las risas que recordaba haber oído se habían convertido de repente en horribles chillidos de agonía. Hasta que el perro consiguió que cesaran.

    El resto de los componentes de esa Guerra Inesperada habían acabado con la inminente amenaza, los mortífagos presentes.

    - ¿Cómo habéis conseguido entrar? – preguntó Hermione a Hagrid mientras el enorme perro se convertía en un desaliñado humano, que más tarde conocerían como Sirius Black, el padrino de Harry.
    - De la misma forma que vosotros, siseando lo que dijo Harry la última vez que lo vimos con vida.

    El silencio se hizo general, hasta que las pisadas de Sirius las rompieron. Cerca de donde habían luchado todavía se conservaban, tras seis años, los huesos de dos niños encerrados en una cárcel polvorienta de tela.

    Los cuerpos no habían sido sacados pues todos temían al basilisco. Cuando Ron fue sacado de ahí, gracias a la ayuda de Buckbeak, el hipogrifo de Hagrid, nadie quiso volver ha entrar. Realmente nadie sabía nada de lo acontecido ahí abajo… Ni siquiera el propio Ron.



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